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«No puede haber cine sano si se legaliza el matrimonio homosexual»

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RUSIA.-(AGENCIALAVOZ) El cineasta Nikita Mikhalkov aseguró este lunes que la legalización de estas uniones tiene un reflejo negativo en las películas y afecta –para mal, se entiende– al cine de los países donde dos hombres o dos mujeres ya se pueden casar. «Cuando cosas antinaturales se convierten en norma, qué se puede esperar del cine», explicó el también presidente de la Unión de Cineastas de Rusia y ganador de un Oscar por Quemado por el sol –1994–. «Estoy en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo. No puede haber cine sano y cargado de energía en un mundo en el que se legalizan los matrimonios entre personas del mismo sexo«.

Mikhalkov aseguró incluso que la normalización del matrimonio entre personas del mismo sexo conduce a la extinción de la raza humana. «Es un problema de autoexterminio de la humanidad. Y es tan activamente consciente que me da la impresión de que se trata de una burla. No tengo nada en contra de los homosexuales, es un asunto individual de cada uno. Pero se trata del exterminio de la armonía divina y humana«, aseguró el realizador. Según la ILGA –la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas, por sus siglas en inglés– Rusia y Moldavia son los países europeos en los que los homosexuales disfrutan de menos derechos. El gran patrocinador de la represión es el propio presidente Vladímir Putin, cuya última medida ha levantado una amplia polémica que resuena en las declaraciones de Mikhalkov.

A finales de junio el presidente ruso promulgó una ley que prohíbe y castiga con multas la «propaganda homosexual dirigida a menores de edad», aprobada posteriormente por el Parlamento. Por supuesto la norma no alude expresamente a la homosexualidad, sino que prohíbe la producción y la exhibición de «las relaciones sexuales no tradicionales» en contenidos audiovisuales y no especifica que sea en contenidos dirigidos a un público infantil o juvenil, sino susceptible de ser visto por menores de edad. Es decir, cualquier contenido.Además, para blindar los canales de distribución rusos contra los contenidos extranjeros, la norma prevé sanciones para los medios de comunicación que la contravengan que oscilan entre los 3.100 dólares y el millón de dólares.
No es la primera vez que Mikhalkov da la nota a favor de Putin. En abril de 2012 la Unión que dirige emitió un comunicado en el que criticaba ferozmente el «nivel» del cine ruso contemporáneo, afectado por «trastornos» que contribuyen, según la institución, a la degradación de las relaciones humanas y la depreciación de los valores familiares de la sociedad rusa, además de poner al propio país «al borde de la desaparición».

Mikhalkov pedía también la intervención directa de Putin para atajar el problema, como finalmente ocurrió con la polémica ley contra la «propaganda homosexual».
Nikita Mikhalkov, ascendido a la presidencia de la Unión de Cineastas de Rusia en marzo de 2009 –y acusado desde entonces de haberlo conseguido ilegítimamente–, no es solo un admirador confeso de Putin, sino que llegó a firmar una biografía cinematográfica sobre el presidente por su cincuenta cumpleaños y ha dirigido varios escritos a la opinión pública ensalzando su figura.

En aquel momento los artistas escindidos acusaron a Mikhalkov de haber llegado a la presidencia de la Unión designado directamente por el Kremlin –elecciones internas amañadas mediante–, de patrocinar «ideas anticonstitucionales y antidemocráticas» y de actuar como engranaje del poder «vertical» que pretende extender el Gobierno en todos los espacios de la industria cultural rusa.
Además de su gran éxito internacional, Quemado por el sol, Mikhalkov ha dirigido Ojos negros en 1987 –con Marcelo Mastroianni, premio al mejor actor en Cannes por su interpretación y candidato a Oscar– y Urga, el territorio del amor –de 1992, León de Venecia aquel año y candidata al Oscar como mejor película extranjera–.

Con su superproducción de 1998 El Barbero de Siberia, no obstante, el cine de Mikhalkov comenzó a derivar al patriotismo exaltado y poco después comenzó su carrera institucional, dirigiendo el Festival de Cine de Moscú desde 2000 e instituyendo el Premio Águila Dorada de la academia rusa del cine con la intención de neutralizar el tradicional Premio Nika. Durante aquellos años la prensa del país especuló en varias ocasiones con la posibilidad de Mikhalkov albergase la intención de emprender la carrera presidencial hacia el mismísimo Kremlin.