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La reconstrucción apunta a un pastor de asesinar a su esposa

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BOLIVIA.- ( AGENCIALAVOZ.ORG )“Tarda, pero llega. No hay crimen perfecto”, es la frase que utilizaban los policías de Quillacollo que llevan el caso del asesinato de una mujer de 48 años que a pesar de haber ocurrido en 2009, ayer, mediante la reconstrucción, se estableció que el autor sería un pastor evangélico, Cristóbal A.A., de 53 años, esposo de la víctima.

La mañana de ayer, una comisión de tres policías de la cárcel de San Pablo de Quillacollo (custodios del sindicado), dos de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen, el fiscal Marcos Vidal y el asistente del fiscal llegaron hasta la comunidad Misicuni para ejecutar la reconstrucción del asesinato.

Las declaraciones del sindicado respecto al día del crimen eran contradictorias, lo que resultó esencial para esclarecer el caso calificado por las autoridades como uno de los “más despiadados y frívolos”.

HECHOS Cristóbal A.A. habría planeado asesinar a su esposa después que ella descubrió que tenía una amante. El hombre admitió la relación, pero se negó a finalizarla.

La mañana del 18 de abril, el hombre convenció a su esposa para realizar un viaje en moto hasta Misicuni, para orar y ayunar. La mujer, con la esperanza de recuperar su relación, acudió obediente.

La pareja partió desde el kilómetro 10 de la avenida Blanco Galindo hasta Misicuni, efectuando un viaje de 65 kilómetros durante tres horas.

Ya en la tarde, el hombre regresó sin su esposa y no dio explicaciones a sus parientes ni a sus cuatro hijos.

Después a tanta insistencia de su hijo mayor, Javier A.I., de 25 años, el hombre contó que habría asesinado a su esposa. Entonces, entre ambos, armaron una coartada.

El hijo dijo a sus parientes que su madre había muerto transportando droga a Chile. Esta versión habría sido creída en su totalidad, sin embargo, después de un mes, unas pastorcitas de Misicuni hallaron el cuerpo de la mujer envuelto en un yute celeste, en medio de una totoras. Las investigaciones apuntaban a Cristóbal A. como el principal sospechoso.

Cuando fue interrogado, juró a la Policía que su esposa murió en un accidente de moto y que abandonó su cuerpo porque “se lo merecía”, ya que le habría sido infiel. Es más, señaló que tras la muerte de su pareja, se levantó y se lavó la cara con su orín, como un acto de desagravio.

En vista de varias contradicciones, el 1 de septiembre de 2011, Cristóbal A. fue recluido preventivamente en la cárcel San Pablo de Quillacollo.

Ayer, en la reconstrucción, se reveló que no hubo tal accidente de moto y que el hombre más bien, luego de ultimarla, arrastró el cuerpo 250 metros.

El fiscal Vidal aseguró que en cada momento de la reconstrucción, el sindicado llamaba “demonios” a los policías y calificaba de “ramera” a su esposa y a su amante.

Debido a que Javier A. escondió la muerte de su madre, ahora es procesado por complicidad, por cuanto existe una orden de aprehensión en su contra. Entretanto, el sindicado regresó a celdas de San Pablo en espera a su juicio oral.