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Los niños robados de África

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CONGO.- ( AGENCIALAVOZ.COM ) Antoine sólo tiene 16 años, pero le sobra sufrimiento. El pasado mes de mayo, fue secuestrado en su aldea, en la República Democrática del Congo (RDC) por el Ejército de Resistencia del Señor (ERS), un grupo armado de cristianos fanáticos que lleva 20 años aterrorizando la región y cuyo objetivo es instaurar el régimen de los Diez Mandamientos cueste lo que cueste.


Las organizaciones internacionales estiman que hasta 20.000 niños podrían haber estado en las garras de los rebeldes liderados por Joseph Kony, un «enviado del espíritu santo» que desde 1986 pretende imponer su régimen en Uganda, «donde la paz llegará cuando las armas desaparezcan». Por eso, Kony y sus acólitos sólo usan machetes para someter a la población a su merced.
Nadie sabe cuántos niños han sido y siguen siendo robados por el grupo armado, que a lo largo de su trayectoria ha migrado del norte de Uganda a diferentes regiones dejando su huella macabra.
Hoy, se estima que sus miembros se esconden en inhóspitas zonas de las vecinas República Democrática del Congo y República Centroafricana, donde la población huye atemorizada al supuestamente seguro Sudán. Desde entonces, las diferentes ofensivas militares en Uganda -algunas con apoyo internacional- han provocado que el grupo armado migre a ambos países vecinos, donde los rebeldes se dedican a secuestrar a niños y a usarlos como soldados y esclavos, pero también a saquear, matar y secuestrar.
Según un informe publicado este lunes por Médicos Sin Fronteras (MSF), de enero a noviembre de este año, al menos 81 niños consiguieron escapar de las garras de los fanáticos. Uno de ellos era Antoine. «Hombres armados entraron de golpe en nuestra casa», contó Louis, el padre de Antoine a los representantes de MSF en la zona. «Nos tumbaron a todos al suelo. Cogieron mis ropas, mis cajas y mi radio. Luego cogieron a dos de mis hijos y se los llevaron». Es el relato de un padre que aún no se cree que su hijo haya escapado.
Toma la palabra Antoine. «Nos obligaron a sentarnos en el suelo. Nos aplicaron un aceite mágico en la frente, por el pecho y en la espalda y los pies. El aceite te convierte en alguien como ellos y dejas de pensar en escaparte y en reencontrarte con tu familia. Conmigo no funcionó porque me lo quité enseguida», les relató el adolescente a los representantes de la ONG humanitaria.
«Tenía que lavar sus ropas y hacer otras cosas durante el día. No nos permitían hablar. Si hablábamos, nos pegaban. Nos pegaban mucho», continuaba Antoine, mostrando las marcas en la piel que le provocaron los golpes con un machete. «Sólo comíamos por la noche. Y andábamos todo el día. Cada día. Iba descalzo», concluye.

Vuelta a la vida
Un atardecer, los secuestradores oyeron que los soldados enemigos se acercaban a sus posiciones. Le dijeron a Antoine que escalara un árbol cercano para ver si podía divisarlos. «Estaban muy lejos. Y sabía que estábamos cerca de la carretera. Me bajé del árbol y empecé a correr. Anduve toda la noche y, a las 5.00 horas, llegué a la aldea. Ya los tenía muy lejos». Fue la vuelta a la vida para este niño congoleño.
Otro adolescente congoleño, también de 16 años, cuenta: «Mataron a la gente de los lugares por los que pasábamos, justo enfrente de mí. Les pegaban, les acuchillaban, para luego lanzar sus cuerpos al río. Tenía miedo y pensaba que iban a matarme a mí también».
Los relatos son ataques y asaltos que, según Patricia Trigales, coordinadora general de MSF en Sudán del Sur, son «muy violentos y frecuentes». «En 2009 se han producido hasta tres ataques por semana», cuenta esta cooperante española a EL MUNDO, para después confirmar que se trata del año más violento en Sudán del Sur desde el fin de la segunda guerra civil, en 2005. «El ERS se mueve en pequeñas células de 10 personas. Invaden aldeas y ciudades, roban el ganado, secuestran y asesinan», agrega Trigales. «La violencia aumentará», dada la gran influencia del ERS en la zona.