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Dios y el «New York Times».

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Nueva York-. ( AGENCIALAVOZ.COM ) «Todo verdadero creyente debería comenzar el día con la Biblia en una mano y el periódico en la otra». El prestigioso ensayista James Dunn, profesor de ética y teología en la Divinity School de la universidad de Wake Forest, recurre a la celebrada frase del pensador Karl Barth para explicar una de las más llamativas asignaturas que se enseñan en esta facultad de Teología situada en Winston-Salem, Carolina del Norte: «Dios y el «New York Times»».

Los demócratas han corregido esta vez el trágico error que contribuyó a la derrota de John Kerry hace cuatro años: hacer una campaña secular en un país cristiano. A eso hay que sumar que uno de los agentes principales del doble triunfo de George W. Bush, la poderosa iglesia evangélica, aparece este otoño económico escondida, sobre todo entre sus jóvenes: el 17 por ciento de los evangélicos tienen entre 18 y 29 años y, aunque consideran que el aborto y la homosexualidad son pecado, se sienten muy molestos con la fraseología de la ultraderecha religiosa y sus lazos con el partido republicano.
Bill Leonard, decano de la Divinity School y profesor de historia de la Iglesia, subraya que «aunque más antiabortistas que sus mayores, los jóvenes evangélicos rechazan no sólo la identificación de su iglesia con una ideología, sino que están más empeñados en la justicia social».
Rick Warren -el pastor más carismático del credo evangélico, que logró que McCain y Obama confesaran en público sus pecados- es el «el ejemplo palmario de una nueva generación evangélica menos dogmática. Es muy significativo que, a diferencia de hace cuatro años, en que pidió el voto para Bush, esta vez no se ha pronunciado».
La guerra cultural no está jugando el papel que abonó en el pasado victorias republicanas, lo cual no quiere decir que la religión haya desaparecido del panorama político y electoral, dice Leonard: «Obama ha introducido la cuestión de la raza, la pobreza y la ecología.

Están en condiciones de atraer un voto no sólo evangélico sino también hispano. Frente a la postura de buena parte de la iglesia evangélica, sorprende la de otras denominaciones protestantes, como la primera iglesia baptista, a la que pertenece el «ministro» Darryl Aaron. Él no dice a sus feligreses a quién deben votar (aunque lleva una foto de Obama en el móvil), sino la «obligación ética» que tienen de participar en los comicios.
Aaron se define «pro-vida y pro-libre elección», no alberga la menor reticencia hacia el matrimonio homosexual y «aceptaría un presidente ateo, porque el ateísmo no está reñido con la ética». Para este pastor «el imperativo moral es luchar contra la división del país, contra la pobreza, no el aborto ni los homosexuales, asuntos de los que Jesús no dijo una palabra. La religión no es una ideología».
Con menos elocuencia, pero con una intensidad y una atención conmovedoras, se manifiesta la veintena de alumnos que han elegido la asignatura «Dios y el «New York Times»», una idea de Leonard que pastorea Dunn, quien recuerda que, «para bien o para mal, la religión está ligada a la historia de EE.UU. desde sus orígenes».
Los alumnos tienen la obligación de leer todos los días el diario tratando de encontrar referencias éticas, morales, religiosas, teológicas y las implicaciones sociales, y escribir una reflexión personal. Algunos son pastores, otros estudian para convertirse en «mejores personas, buenos pastores de almas», como Deby, quien desde su silla de ruedas dice que estudia «probablemente» para llegar a ser «una buena misionera».
Una compañera relata que sin el conocimiento de la Biblia no se entenderían muchas referencias del «Times» y explica cómo le hizo ver su hija que sin saber quién había sido Lázaro no se entendía un chiste en el que junto a la tumba había una trampilla para la resurrección.